Hoy hemos llevado a Thor a ponerle el microchip identificativo y la vacuna de la rabia, además de empezar con el ciclo de desparasitación preventiva. Y, de paso, para preguntar por su descenso testicular, ya que aunque tiene seis meses todavía no hay rastro de sus pendientes reales.

Nos han dicho que, probablemente, ya no le vayan a bajar, y que conviene extirpárselos por el riesgo asociado de tumoración (por lo visto es mucho más frecuente en perros con testículos abdominales que en perros con descenso testicular normal). No es que corra prisa, pero tampoco podemos dejarlo mucho tiempo. De todas formas existe una posibilidad, aunque pequeña, de que le bajen de aquí a un par de meses, por lo que nos han confirmado que aún tiene tiempo.

Lo triste es que le han debido de hacer daño con el chip, porque ahora está escondido, llorando. Y no se deja tocar el cuello.

No me gusta oír llorar a los perritos, ni propios, ni ajenos. Es un sonido de indefensión que me llega al alma.